Trabajadores pobres año tras año y alternativas para que no se reproduzcan

Santiago González Vallejo. Economista, USO

Dentro de los estudios sobre la pobreza hay un dato que no es suficientemente resaltado. Nos referimos a los trabajadores pobres. Es decir, aquellas personas que estando activas, muchas de ellas asalariadas, tienen unos ingresos insuficientes para superar el umbral de persona pobre.

Gracias a los estudios periódicos de la red española de EAPN, European Anti Poverty Network, de Lucha contra la pobreza y la exclusión social, podemos tener una serie 2008-2018 que nos permite interpretar las consecuencias de la crisis, la aparente recuperación en cifras macroeconómicas y la incidencia de los cambios normativos ocurridos en estas fechas.

Para completar los datos aportados por EAPN, tenemos que saber que el umbral absoluto de pobreza es móvil, se reajusta en función del nivel de vida, poder adquisitivo y núcleo familiar, por lo que la misma cantidad de dinero significa, según los años, una variación de personas afectadas. A su vez, como el número absoluto de personas de una categoría varía cada año, un mismo porcentaje en diferentes años, significa un número distinto de personas.

También, entendemos que la definición de pobre es holística, en el sentido que recoge las carencias globales para poder satisfacer, al mismo tiempo, alimento, energía, vivienda y servicios básicos.

Una vez dichas estas matizaciones ya podemos ir a los gráficos. En el primero, vemos que, dentro de las personas pobres, los hay que trabajan. En el año 2018, un 13,8 por ciento de los ocupados tienen unos ingresos que no les permiten abandonar la categoría de pobres. Hay que indicar que la serie de EAPN es diferente a la del INE que, en su Encuesta de Condiciones de Vida, eleva la cifra para el año 2017 al 16 % de personas ocupadas, como pobres.

Si vemos la evolución, desde el año 2008 al 2013, ese porcentaje de personas que tienen actividad laboral pero sus ingresos les mantienen como pobres es constante (no así el número de personas), 11,7 %, elevándose al 14% desde esa fecha, alcanzando un máximo en el año 2015, 14,7, para descender al 14,1 al año siguiente y el último año con datos, 2018, ya bajar al 13,8%.

Hay un dato complementario a éste, referido al número de hogares con baja intensidad de trabajo. Aquí, ha habido un descenso más pronunciado desde el año 2014, siendo en el año 2018, el 10,7 % de los hogares (8,8% en el año 2008). En términos absolutos, hay 3,7 millones de personas menores de 60 años que viven en hogares con baja intensidad de empleo y para alcanzar la cifra existente en el año 2008, habría que reducir 1,4 millones la cifra actual.

Esto supone que se está todavía peor que al comienzo de la crisis.

Los motivos son múltiples. Una de las explicaciones más plausibles es que durante el periodo 2008-2018 se ha incrementado el trabajo a tiempo parcial y temporal involuntario, en un contexto de caída de la cobertura de desempleo y el agotamiento de prestaciones y disminución de las indemnizaciones; también, la disminución de los salarios en comparación con el coste de la vida, el 7,1 % en el periodo 2008-2018, la caída de la cobertura de convenios, etc., fruto de la reforma laboral, sólo suplida por la subida del SMI, que afecta a los salarios de las categorías más bajas a partir de 2017 o las nuevas fórmulas consentidas de contratación laboral de las plataformas digitales y autónomos involuntarios.

En todo caso, los grupos afectados coinciden con los grupos donde incide la pobreza: mujeres, jóvenes, mayores de 55 años, con menos formación, gitano, migrante, hogar monoparental, etc.

Fuente: EAPN Informe 2018

Fuente: EAPN Informe 2018

Y esto nos lleva, a varias conclusiones, en este día mundial contra la pobreza.

El crecimiento, por sí sólo, no reduce la pobreza. Desde el año 2014 al año 2018, el PIB ha crecido el 17 %, mientras que la pobreza sólo lo ha hecho en 7 décimas, al pasar del 22,2 la tasa de pobreza en el año 2014 al 21,5 en el año 2018. A ese ritmo se tardarían en eliminar la pobreza en España 154 años. España, por lo visto, ya cumple con los criterios de estabilidad financiera, déficit menor al 3% e inflación reducida, balanza de pagos en cierto equilibrio y ha salido de la vigilancia de la Comisión Europea. Pero incumplirá la Estrategia 2020 de la propia UE, que indicaba, por ejemplo, la reducción de la pobreza de forma significativa, un 20 %. En España, eso significaría que al final del año 2020, para cumplir el objetivo marcado, habría que sacar a unos 2,7 millones de personas de estar en riesgo de pobreza.

Por lo tanto, las prioridades a desarrollar por los gobiernos deben ser la protección y el fomento productivo a fin de evitar la exclusión social y lograr un mejor desarrollo.

Hay que mejorar y ampliar las medidas de protección y servicios sociales, incluyendo la formulación de una renta mínima estatal, presupuestos habitacionales, etc., y dada la escasa tasa de actividad en nuestro país, generar políticas productivas y de empleo efectivas para acabar con el paro y el trabajo precario crónico de nuestro país.

Unas y otras, se complementan. Hay todo un desarrollo de la economía de los cuidados y de un modelo productivo más eficiente y sostenible.

No vale el crecimiento económico sin redistribución del aumento de la productividad y de rentas. Un elemento que facilitaría el tránsito de la situación actual de desigualdad a otra más igualitaria y sin pobreza, es una reforma fiscal más progresiva, con mecanismos para que se redujera el fraude fiscal y que las multinacionales y dueños de patrimonios pagasen lo que ahora no satisfacen.

Todo esto si apostamos por una política de igualdad de oportunidades y no queremos una cronificación y reproducción de la pobreza e inmovilidad social.