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Nueve motivos para explicar un fracaso y una petición desesperada

Fin del plazo de los acuerdos de acogida de la UE

Comunicado de CEAR. USO es miembro de la Asamblea General del CEAR

CEAR califica como "un muro de mentiras y excusas" la acción de la Unión Europea para no cumplir con su compromiso de acogida.

(Madrid, 25 de septiembre de 2017). Mañana termina el plazo de dos años que se dieron los Estados de la Unión Europea para acoger más de 180.000 personas a través de los programas de reubicación y reasentamiento. A falta de un día, la Unión Europea apenas ha logrado trasladar una de cada cuatro personas de las que se comprometió a acoger, mientras que España, con 1.983 personas entre reubicadas y reasentadas, apenas supera el 11% de cumplimiento de estos acuerdos. Desde CEAR apuntan 9 motivos que explican este fracaso.

El criterio de nacionalidad. Desde el inicio se limitó la reubicación a personas de nacionalidades que superaran una tasa de reconocimiento de protección internacional de un 75% de media en el conjunto de los Estados miembro. Además de su carácter discriminatorio, contrario a la Convención de Ginebra, esto ha supuesto dejar fuera del proceso a miles de personas que han llegado a Italia y Grecia desde países como Afganistán, Irak, Sudán o Nigeria que quedan fuera de requisito, a pesar de que en sus países se vivan graves conflictos.

Requisitos inflexibles en la acogida. En numerosas ocasiones, la Comisión Europea ha lamentado las condiciones restrictivas que han trasladado los países miembro a las autoridades griegas e italianas que realizaban los procesos de identificación y los traslados, además de retrasos en las peticiones mensuales de acogida y las trabas burocráticas en cuanto a la hora de realizar los traslados. Esto ha limitado tanto el ritmo del proceso como el número total de personas que han sido acogidas por estos países.

Mayores obstáculos a personas vulnerables. Muchos países han puesto objeciones a la hora de acoger personas con enfermedades graves o discapacidad, víctimas de violencia y en particular menores no acompañados. Una práctica particularmente insolidaria que retrata la escasa voluntad de acogida de aquellos países que la llevado a cabo.

Acuerdo UE Turquía. El 20 de marzo de 2016 la UE entró en vigor el acuerdo con Turquía con el claro propósito de cerrar la ruta marítima a los refugiados procedentes de este país. Los Estados de forma unilateral y en contra de lo acordado, decidieron que las personas que llegaran a Grecia a partir de ese día no pudieran solicitar su reubicación en países de la UE, por lo que se han visto obligadas a elegir entre quedarse en Grecia, un país con un sistema de acogida desbordado, o volver a los países de los que huyeron. El propio Parlamento Europeo reclamó el pasado mayo que se pusiera fin a esta práctica excluyente.

Falta de coordinación entre agentes. Se ha producido una falta de coordinación entre la agencia europea EASO, los Gobiernos y las autoridades italianas y griegas para agilizar todas las fases del proceso. En particular en Italia, la identificación y registro de las personas susceptibles de solicitar la reubicación se ha realizado con una enorme lentitud.

Mecanismos efectivos de sanción. Desde el inicio, la Comisión Europea tendría que haber sido menos tibia y más contundente con aquellos países que no cumplían los plazos e iniciar procedimientos de infracción con mayor rapidez.

Voluntad política. Los países de la UE parecen haber dejado de lado el derecho de asilo y la responsabilidad hacia las personas que huyen de la guerra y la persecución. No ha hecho falta que gobiernen los partidos con un discurso claramente xenófobo, su discurso del miedo ha sido la excusa para enfriar más todavía la voluntad de acogida de los Estados y justificar sus incumplimientos.

¿Faltan solicitantes? La última comunicación de la Unidad de Reubicación Griega señaló la no disponibilidad de personas reubicables. Sin embargo, el último informe de la Comisión Europea de este mes desacredita ese dato, cifrando en 4.700 las personas "potencialmente elegibles" para ser reubicadas desde Grecia y este año habrían llegado más de 7.200 a Italia. Además, se calcula que más de 50.000 refugiados permanecen atrapados en el país heleno.

La cuota de Hungría. CEAR recuerda que los estados pueden sustituir las 54.000 plazas que debían proceder de Hungría, por reasentamientos desde Turquía, donde actualmente residen más de 3 millones de refugiados. Por tanto, es evidente que no faltan personas para trasladar, sino voluntad para acogerlos, dejando a un lado las restricciones que los propios Estados han impuesto a este proceso.

Y una petición desesperada...

El estrepitoso fracaso de este proceso, con el cumplimiento de solo una cuarta parte de lo acordado, no puede servir de excusa para no mantener el compromiso que se fijó la UE con las personas refugiadas y la ciudadanía. Por si quedaba alguna duda, la Comisión Europa recordó este mes que la obligación de los Estados en este proceso no acaba con el fin del plazo que se cumple mañana.

Por tanto, CEAR realiza una "petición desesperada" para que se reimpulsen los programas de reubicación y reasentamiento con una revisión inmediata de los criterios para participar, en particular eliminando la discriminación por nacionalidad y permitiendo participar a quienes han llegado a Grecia tras el acuerdo entre la UE y Turquía, entre ellos personas que han huido del conflicto sirio.

Asimismo, CEAR pide a la Comisión que establezca sanciones a los países europeos que hayan incumplido los plazos de acogida y recuerda que al margen de los acuerdos, las autoridades españolas pueden facilitar los traslados desde Embajadas y Consulados de aquellas personas que necesiten solicitar asilo en España, así como facilitar la reagrupación familiar.

Los programas de reubicación y reasentamiento aún pueden mejorar, o incluso salvar, la vida de miles de personas. CEAR reclama a las autoridades europeas que dejen de construir un muro de mentiras y excusas, y aunque sea fuera del tiempo previsto, no falte al compromiso que adquirió con aquellos que se han visto obligados a huir de sus hogares y tienen en Europa su última esperanza.