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50º Aniversario de la Carta Fundacional de la USO y homenaje al Director de SOTERMUN, Manuel Zaguirre

Intervención de Manuel Zaguirre en el acto del
50º Aniversario de la Carta Fundacional de la USO

(Ateneo de Madrid, 17.11.2011)

Un saludo muy cariñoso, compañeros y compañeras, amigos y amigas, de la Unión Sindical Obrera y de SOTERMUN, de otros sindicatos y entidades, del sindicalismo latinoamericano, europeo e internacional… de lo que podríamos llamar la familia grande que uno fue acumulando a lo largo de la vida.

Un saludo muy cariñoso, también, para María Eugenia, la esposa y compañera de Eugenio Royo, q.e.p.d., principal promotor y redactor de la Carta Fundacional de la USO, y para Arancha, su hija mayor, que nos acompaña.

Y, por último, un saludo especialmente cariñoso para los 17 miembros de mi familia personal que están aquí, empezando por dos de mis hijos Chema e Izaskun, mis hermanas y hermano, sobrinos, cuñados, y concluyendo por Ona, Estel y Paulita, que con 9 y 7 años y con menos de 3 meses ésta última, no han querido perderse el 50º Aniversario.

No tengo más que motivos de agradecimiento a los compañeros y compañeras de la Dirección Confederal de la USO por organizar este hermoso acto de evocación de nuestra Carta Fundacional y por todas las muestras de cariño que he recibido camino de cumplir 50 años de militancia, 45 de ellos en la USO. Manifestaciones de cariño y reconocimiento que, al contrario de lo que suele ser habitual, se hacen estando uno vivo y activo.

En cuanto a nuestra Carta Fundacional, me parece más que oportuna la celebración a condición de que lo hagamos sin ninguna nostalgia ni autocomplacencia; también sin ningún derrotismo o desesperanza ante lo que está pasando, que no es otra cosa que una suerte de derrumbe del capitalismo especulativo e improductivo sobre y contra nuestro trabajo, nuestros salarios, nuestras estructuras sociales, sanitarias y educativas, nuestras libertades, nuestra Democracia, nuestro Estado Social, en suma.

Y en cuanto a los afectos y reconocimientos que he recibido, insisto hasta la saciedad, que un hombre sólo no es nada y esos reconocimientos lo están siendo a miles de buenas personas, mujeres y hombres, que han sido y sois la USO o cooperaron con ella en tantos sindicatos y países del mundo a lo largo de estos 50 años.

Mil gracias de corazón, entrañables compañeros y compañeras, por cuanto distéis y dais a la causa del Trabajo, del Sindicalismo y de la Solidaridad, por cuanto me disteis a mí.

Quiero resaltar el agradecimiento a mis padres, ya ausentes, por su testimonio de honradez, decencia y cariño, y por la tripleta de mandamientos que me inculcó siempre mi padre porque cumpliéndolos no tenía que preocuparme de ningún otro: el primero, “no vivir sobre la muerte de nadie”, el segundo “no ser felices sobre la desdicha de nadie”, y el tercero, “no enriquecerse sobre la pobreza de nadie…”, aquí mi padre solía hacer una pausa para decir con sorna “con lo cual, Manolico, cumpliendo este mandamiento, nadie puede hacerse rico..”.

Agradecimiento a mis hijos porque pese a haberse criado sin padre, o a pesar de él, son personas adultas de un alto valor moral y humano.

Permitidme viajar en un par de minutos a mi primer encuentro con la Carta Fundacional. Tenía 19 años, era el 66, me la dieron, impecablemente editada, Julio Morera y Rafael Ballús, q.e.p.d., y poco después tuve ocasión de beneficiarme de la opinión y comentarios de Eugenio Royo.

Recuerdo el fortísimo impacto que me causó, teniendo en cuenta que yo entonces desconocía por completo la existencia de la USO.

Aquella Carta Fundacional era un texto breve y claro que me llegó como un vendaval de humanismo, de responsabilidad individual para cambiar la vida y la sociedad a partir de cambiar uno, de sindicalismo autónomo como mejor instrumento de la Clase Trabajadora y el pueblo para avanzar juntos, de unidad sindical, de solidaridad internacional, de un lúcido rechazo al capitalismo extremo por cuanto antepone el lucro privado a las necesidades y dignidad de la gente trabajadora, de socialismo con democracia y libertades…

Aquel texto daba sentido y perspectiva a los valores y testimonio vital recibido de mis padres, mucho más que las charlas sobre filosofía marxista recibidas en “el partido” por excelencia. Años después y para siempre, cuando alguien me preguntaba, y me pregunta, por la ideología de la USO, como si ésta fuera un misterio, contesto que está en su Carta Fundacional que fue edificada, a su vez, con los mejores valores del humanismo social-cristiano y con los mejores valores del socialismo democrático, sobre la confianza plena en que la Clase Trabajadora como sujeto histórico con protagonismo propio, es capaz de organizarse para pensar y actuar por sí misma, incluyendo el derecho a equivocarse, y de esa confianza nace la afirmación de la Autonomía Sindical, la gran aportación histórica de la USO, hoy asumida por todos con más o menos coherencia, pero hace 50 años la Autonomía Sindical era una herejía para las distintas doctrinas con presencia en el Movimiento Obrero.

Pero, para que nadie piense que la Carta era un texto académico o meramente intelectual, recuerdo que inmediatamente después de darme la Carta me dieron una caja de cartón para recoger dinero a fin de mes en la empresa y un librito para venderlo a 50 pesetas, 32 céntimos de euro. Todo era en solidaridad con los 750 trabajadores de Laminación de Bandas en Frío en Echevarri-Vizcaya, que protagonizaron una heroica huelga de seis meses, entre noviembre del 66 y mayo del 67, contra la opresión política de la dictadura y la explotación económica de un empresariado que medraba a su amparo.

La famosa “Huelga de Bandas”, la más larga y reprimida de las realizadas en 40 años de franquismo, la más heroica teniendo en cuenta que entonces el derecho de huelga estaba prohibido, perseguido y penado como “delito de sedición o lesa patria”.

Esa huelga la protagonizaron, entre otros, compañeros de la USO que eran mayoría en el Jurado de Empresa legal y en el Comité de Empresa clandestino. Todavía viven algunos de aquellos compañeros y se les puede encontrar en la sede de USO en Basauri.

 

Resalto esto porque la Carta Fundacional era también un programa y un compromiso para la lucha, si bien los militantes obreros de la USO en la época eran tan decentes y generosos que aplicaban el principio de que en las luchas lo importante no eran las siglas sino el estilo unitario y participativo de todos… ¡¡Cuantas medallas se han puesto tantos en las luchas de aquellos años a cuenta de la generosidad de los militantes de la USO…!!

Hace unos días, el Ministro de Trabajo al referirse a mí recordaba a Jorge Guillén con aquella frase de que “una vida no cabe en la memoria”. Probablemente. Desde luego mi memoria no cabe en unos pocos minutos camino de acabarse… los minutos.

Pero, con el impulso que me dio siempre la Carta Fundacional, no puedo dejar de evocar las grandes luchas y sacrificios de la época de la dictadura; mi elección a la Secretaría General de la USO de Cataluña, con 22 años; toda la ilusión juvenil e inocente que uno puso en la transición de la dictadura a la democracia; la ilusión por construir un sindicalismo fuerte y poderoso, a base de unitario y autónomo, para que el Trabajo y la Clase Trabajadora fueran más respetados en la Democracia; la constitución de la COS, Coordinadora de Organizaciones Sindicales, CCOO-UGT-USO, un sueño efímero que otros se empeñaron en abortar; mi primera elección a la Secretaría General de la USO de toda España, con menos de 30 años y consciente de lo que se venía encima; la angustia por tanto acoso y exclusión contra la USO;  el golpe de Estado del 81;  las grandes luchas de la reconversión industrial de los 80;  la apertura de la Universidad Sindical el 1º de Mayo del 83;  la creación de la Caja de Resistencia y Solidaridad en el 85; la fundación de SOTERMUN en el 93, el “alma solidaria de la USO”; la actividad internacional y solidaria con la Confederación Mundial del Trabajo en tantos países del mundo; el ingreso de la USO en la Confederación Europea de Sindicatos en el 2005, derrotando 30 años de sectarismo; la fundación de la Confederación Sindical Internacional en el 2006, la más grande y unitaria organización mundial de trabajadores en la historia; la despedida de la Secretaría General en el Congreso del 2002 en Asturias y de la Presidencia en el Congreso del 2009 en Valencia; el cariño y el respeto de tantos compañeros y compañeras, el desencuentro y el olvido merecido de tantos otros… la verificación amarga de que se ha ido alejando más y más el desarrollo político de la democracia del desarrollo de la justicia social en ella, hasta llegar al momento actual en el que desempleo masivo, precariedad laboral extrema, aumento de la desigualdad y la pobreza, presionan seriamente contra la viabilidad de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho…

Concluyo. Para quien quiera columpiarse en la crisis como una mera coartada del inmovilismo y del ir tirando, la Carta está de más. Si queremos, y estoy seguro que queremos, hacer de la crisis un desafío para vencerla superando las causas estructurales que la han provocado, sobre todo la esterilidad histórica de este capitalismo tóxico y la limitada vocación de transformación social del sindicalismo en las últimas décadas, pues entonces nuestra Carta Fundacional deviene un cañón ético y moral, ideológico y programático, una auténtica palanca para el proceso de cambio social, económico y cultural, fundado en la primacía del Trabajo, en la metodología de la Solidaridad y en la construcción de una auténtica Economía Social de Mercado, como mandata nuestra Constitución y como especificó y desarrolló minuciosamente la Carta Fundacional de la USO… hace 50 años.

Muchísimas gracias.

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